Con la Semana Santa, España ha inaugurado la temporada de playas, pero cabe recordar que estos arenales no son solo espacios de ocio, sino también ecosistemas frágiles que corren el riesgo de desaparecer si no se protegen.
Nuestro país cuenta con más de 7 800 km de costa, esencial tanto para la biodiversidad como para la economía local. Sin embargo, el aumento del nivel del mar, impulsado por el calentamiento global, amenaza con reducirla y alterar su fisonomía, lo que pone en riesgo tanto la vida natural como la actividad turística que dependen de ella.
Lugares como Mallorca no son una excepción. Por esta razón el proyecto LIFE Adapt Cala Millor busca revertir esta tendencia combinando ciencia, planificación urbana y participación ciudadana. Esta iniciativa, que lleva puesta en marcha tres años, ha diseñado estrategias que permiten a la playa resistir los efectos del cambio climático y servir de modelo para otras costas del Mediterráneo.